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Talento e innovación, palancas de una transformación necesaria

El futuro será sostenible o no será. Esta frase, pronunciada una y otra vez, solía caer en saco roto hasta que algo inesperado la puso de actualidad. Todo cambió con la pandemia. Nuestra mente tiene una tendencia natural a relativizar esos mensajes tan crudos para protegernos, pero los baños de realidad ponen las cosas en su sitio.
Los acontecimientos están cuestionando el fondo y la forma de nuestras relaciones económicas, laborales, culturales, sociales, cívicas.
Creo firmemente en la consistencia del discurso. Atrás quedan los tiempos en los que la sostenibilidad le importaba poco a las empresas; cuando sólo algunas de ellas, bien por convicción bien por conveniencia, trasladaban a sus clientes y, en definitiva, a la sociedad, sus valores y sus logros en esta materia. Está bien eso de las métricas y de los objetivos y acciones para contribuir desde cada organización al logro de los objetivos de desarrollo sostenible y comunicarlo adecuadamente.
Pero no basta a mi juicio con ello. Necesitamos empresas que incorporen la sostenibilidad a la estrategia corporativa y que de verdad se lo crean, ya que de lo contrario será como cuando empezaron a implantarse los sistemas de gestión de la calidad basados en las correspondientes normas ISO; por aquel entonces para no pocas organizaciones de lo que se trataba -triste pero cierto- era de colocar un sello junto al membrete de la compañía.
Más de medio año después del inicio de la crisis sanitaria existen pruebas evidentes de que las empresas y la sociedad en su conjunto se enfrentan a la necesidad de una transformación. Y esa transformación, como no puede ser de otra manera, la protagonizarán las personas, que son la clave de su adaptabilidad al cambio permanente. Las empresas deben poner el foco en la innovación y la mejora continua para ser competitivas en un mundo donde, además, la sostenibilidad ya no es una opción sino una necesidad.
La situación actual ha modificado nuestra forma de trabajar y de relacionarnos con compañeros, clientes y proveedores. El trabajo en remoto y el liderazgo de equipos virtuales han llegado para quedarse. Bienvenidos -ahora indefectiblemente- al mundo digital. Pero esa transformación, que requiere un cambio cultural, no parará, irá a más; lo que estamos viviendo sólo está acelerando el ritmo de los cambios. Por ello, aunque el esfuerzo ahora sea mayor, la agilidad y el foco en el cliente continuarán siendo una exigencia para las organizaciones que aspiren a sobrevivir.
Las empresas de todo tamaño tendrán que plantearse que el talento y la innovación son las palancas que les ayudarán a acercarse al mercado y adaptarse a él de forma permanente para atender las necesidades de sus clientes actuales y futuros mediante los productos y servicios adecuados, y ser así más eficientes, más competitivas.
Centrarse en los clientes y en los trabajadores permitirá también que las empresas contribuyan al esfuerzo colectivo en favor de un mundo más humano. Tenemos la oportunidad de promover una reactivación diferente, que tenga en cuenta no sólo el criterio estrictamente económico, sino que atienda los objetivos sociales y medioambientales.
No podemos conformarnos, pues, con una sociedad más moderna y competitiva, habrá de ser también más sólida, sostenible y resiliente. Sólo así estará preparada para un tiempo nuevo, complejo, incierto, volátil y ambiguo. Y ese es el objetivo que persiguen los recursos públicos que se pondrán a disposición de la recuperación económica a través de unos planes de una magnitud sin precedentes y que promueven la revolución verde y la digital.
No se me ocurre otra forma de afrontar el reto que gestionando adecuadamente el talento de las organizaciones y abrazando la innovación como algo propio. Parece fácil de entender; ojalá lo interioricemos y le pongamos el empeño que merece.

 

Artículo publicado el 29 de octubre de 2020 en el blog «Cajasiete con tu negocio«